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Jue, Dic
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Por: Eberto Díaz Montes

Presidente de Fensuagro

 

Miembro de la Vía Campesina Internacional

Vocero de la Cumbre Agraria, Campesina, Étnica y popular.

 

La situación sobre el proceso de paz, una vez conocido los resultados electorales del plebiscito del pasado 2 de octubre, como también tratar de vaticinar  sus posibles consecuencias, será materia obligada de análisis con el objeto de buscar salidas a semejante reto de ganar la lucha por la paz y la justicia social, en un entorno del antes y el después, nada fácil de entender, donde fallaron las encuestas, falló el tino del gobierno en su afán por el SÍ y hasta una gran parte del pueblo desinformado también falló. En efecto el plebiscito convocado por decisión y riesgo propio del gobierno nacional, con el objeto de que los ciudadanos dijeran si estaban o no de acuerdo con el fin del conflicto armado, término siendo un callejón lleno de espinas y profundos abismos demasiados peligrosos desde el punto de vista  político, con un terreno movedizo, que de no saberse  donde se pisa puede reconducir al país a viejas experiencias y prácticas de querer dar soluciones a las crisis a través de acuerdos entre las élites, sobre todo de aquéllas élites que históricamente  han gobernado por décadas, empobreciendo y explotando al pueblo Colombiano. Ante esta realidad, no se descarta la posibilidad que por la fragilidad de la coyuntura política y las indecisiones gubernamentales puedan agrietarse aún más las diferencias entre el régimen y las FARC-EP y ser éste en últimas el detonante de un posible rompimiento de las negociaciones  entre ambas partes, situación está no la  más deseada, pues esto  significaría un nuevo ciclo de violencia que afectaría directamente a la población civil que habita en numerosas regiones donde por largas décadas ha existido la presencia y se ha sentido con mayor fuerza el desarrollo  del conflicto armado, con sus impactos sociales y económicos. De otro lado sin ser alarmistas no se puede descartar una posible salida aventurera desde  aquellos sectores militaristas hacia la ejecución de  un golpe cívico militar, ya practicado en otras latitudes y países como en el caso de Honduras o el Paraguay, con dolorosos resultados para esos países que aún no se reponen de la violencia y la militarización de sus sociedades. Ahora bien el voto por el NO, que logro un margen de menos del uno por ciento frente al SÍ, y que se puede entender como un empate técnico, no necesariamente se debe interpretar como el querer de la mayoría de los Colombianos a la continuidad de la guerra, sí, es cierto, el NO, fue vencedor,  este tampoco es  un rédito del Centro Democrático, como ellos lo proclaman ante la opinión pública. Fueron varios los factores que empujaron a muchos compatriotas a decidirse por el NO. El primero de ellos considero a la desinformación, los falsos y tramposos argumentos utilizados por el Uribismo sobre los acuerdos alcanzados en la Habana entre el gobierno nacional y la Farc y que fue el caballo de batalla de la extrema derecha a favor del NO, en segundo lugar el descontento de muchos sectores sociales ante las políticas demagógicas del gobierno de Santos en materia social y económica  y un tercer elemento esta cimentado sobre  la desfavorabilidad en la correlación de fuerzas a nivel continental a cambios progresistas, que ha permitido un reacomodamiento de las fuerzas proclives al militarismo y a la derecha reaccionaria y al neoliberalismo en el actual momento  latinoamericano.

 

Es de destacar el Voto por el SÍ, con más 6.3 millones de sufragantes, que aunque no alcanzó la mayoría, significa por simple lógica, que no será fácil para los detractores de la paz y los cambios democráticos imponer sus razonamientos de guerra y exclusión social y política.

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