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Lun, Feb
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Las FARC- EP. La humanidad detrás de un fusil (I)

proceso de paz

 

Por: Luz Marina López Espinosa

Foto: Federico Ríos Escobar                        

 

El haber tenido la fortuna de ser una de las cientos de colombianas que como invitadas, periodistas o simple interesadas asistimos a la X Conferencia de las FARC-EP en los míticos Llanos del Yarí en el Caquetá profundo, fue ocasión sin igual de descubrir, sin imposturas ni prejuicios, es decir ajena a todo afecto o fobia, la condición detrás de ese calificativo mítico de “guerrillero”.

 

De aquél ser humano, que un día renunció a todo, al hogar, a las comodidades muchas o pocas de su ciudad o su vereda, a sus amigos y sus amores, a las certezas de un trabajo regular o malamente remunerado pero tranquilo que algunos gustos permitía, o a los goces del prestigio social y el confort que auguran el diploma recién obtenido, para irse a la selva con un fusil a afrontar las vicisitudes de una desigual guerra.

 

Descubrir la naturaleza  de quienes a todo ello renunciaron por ir tras un sueño de justicia para los que siendo los más, en realidad valían menos, inclusive a veces nada.

 

El feliz reencuentro de una madre con su hijo guerrillero se vivió en la Décima Conferencia de las FARC EP. Foto: El Tiempo.

 

Tuve además el privilegio de ser alojada en un campamento guerrillero retirado del sitio del evento, con la disciplina y los roles que les son inherentes. Así, compartí con la tropa todas las horas de mi estadía, pudiendo ver, conocer y sentir en un compartir desprevenido  de parte y parte, el día a día de la vida guerrillera –salvo los combates claro está y los azares  de la persecución-.

 

Entonces aunque la verdad quien esto relata no necesitaba de esa constatación, sí tuve la fortuna para el efecto de dar fe de ello en  esta crónica, palpar en toda su riqueza  el alma de esos muchachos y muchachas, esos comandantes y curtidos combatientes. Alma tantísimas veces  escarnecida cuando no desvirtuada en su misma existencia en el imaginario colectivo, a través de medio siglo de mensajes sobre las  virtudes enervantes del camuflado que la cubre y las aún más infamantes del fusil.

 

La cotidianidad más elemental no es de trascendencia relatarla, apenas un pequeño esbozo: la atenta vela del centinela guardando el sueño de sus compañeros que me hizo recordar el bello verso de Sabina “Qué sabes de la noche centinela?”, los humildes cobertizos de plástico hábilmente y estratégicamente  armados que algo  protegen de las inclemencias del tiempo, los insectos  y el frío de la noche, el misterioso pájaro que por ignotas artes,-

 

con gran escándalo y angustiado revuelo les avisa de la proximidad del avión fantasma, el hueco justo para el cuerpo bien excavado al lado del lecho, contra bendita para cuando caen las bombas, la forma fácil y firme como se mueven  en la oscuridad más impenetrable como guiados por las luciérnagas, la taza humeante de café que aparece al lado de cada camastro al momento de despertar, la marcial formación y los ejercicios físicos de rigor como primer deber del día,-

 

el himno de la organización cantado con la mirada al cielo y los ojos entornados como en éxtasis, el baño diario en las frías aguas del río, hombres y mujeres semidesnudos juntos como hermanos, sin malicia, y el guerrillero sin manos y ciego consecuencia de un bombardeo que no aceptó ser licenciado y siguió allí porque ese es su hogar, esa su familia y además no conoce otro ni otra y en efecto no es carga para nadie.

 

Colombia tiene la esperanza de que con la firma de los acuerdos de paz, no haya un solo joven más para la guerra, en ningún bando. Qué estas filas sólo sean para entrar a las universidades, para un festival de rock o  para ingresar a un estadio a ver un clásico futbolero. Pero nunca más para combatir ante la muerte. Foto: Internet.

 

Lo que sí es de trascendencia por lo muy emocionante y excepcional como que se dio con ocasión de los actos culturales y políticos que solemnizaron la X Conferencia Nacional de las FARC-EP donde la base guerrillera refrendaría los Acuerdos de Paz que sus comandantes suscribieron con el gobierno, es el relato  de una vivencia verdaderamente maravillosa, que sólo quien la ha presenciado puede concebirla cierta: de pronto, estando convocados no sabíamos a qué todos los asistentes a un gran llano,-

 

desde todos los lados de la espesura comenzaron a converger hacia un ancho claro en el centro, una gran cantidad de guerrilleros, cien supe después, cincuenta hombres y  cincuenta mujeres, con alegres ropas de civil y sin armas, marchando mientras con admirable sincronía entonaban el inmortal Himno de la Alegría, la Novena Sinfonía de Beethoven. Esta vez ya no marciales sino sonrientes, felices podríamos decir, mirando al cielo con los ojos bien abiertos.

 

Me dio un salto el corazón con esa escena que me  transportó a la película Fitzcarraldo del genial Herzog, el demencial delirio de llevar la ópera a la selva del Amazonas, un barco con todo el instrumental de la orquesta,  no apenas remontando el río  sino navegando -es un decir-, bosques y montañas arriba.

 

Este concierto  en las selvas del Yarí, no era demencia ni delirio. Era en su más pura expresión, el Himno de la Alegría entonado por sus más legítimos intérpretes: los hombres y mujeres de las FARC-EP que después de una larga saga de sufrimiento, persecución y muerte, como en los versos de Martí, sinceros  tendían su mano franca al enemigo y le decían:

 

                                   Escucha hermano la canción de la alegría

                                   El canto alegre del que espera un nuevo día

                                   Ven, canta sueña cantando

                                   Vive soñando el nuevo sol

                                   En que los hombres volverán a ser hermanos….

 

 

Los asistentes con la mano en la boca conteniendo una exclamación, sólo teníamos lugar para el asombro!!!