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Sáb, May
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Dimensionar el momento que vivimos

Opinión

Por Nelson Lombana Silva

 

Alguien le preguntó a Lenin si era pertinente ir al parlamento burgués y el dirigente del proletariado no dudó al decir que sí, siempre cuando se tuviera claro a qué se iba. Fidel Castro en el memorable discurso dado en la universidad de la  República Bolivariana de Venezuela plantea que la Revolución es hija de la cultura. Batalla de ideas.

 

Es decir, al Parlamento o a cualquier corporación pública del régimen un compañero o compañera de izquierda consecuente sabe a qué va. Tiene clara la película. Va a destruir las relaciones capitalistas y a construir las relaciones socialistas. No va a amangualarse con la pútrida clase dirigente.

 

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La burguesía se cuida muy bien de eso. Sabe cuál es la filosofía de la izquierda consecuente, por eso le cierra todos los espacios. Miremos por ejemplo el sistema electoral en Colombia. Quizás es el más antidemocrático del continente y del planeta. Impide descaradamente que las izquierdas se unan.

 

Es además, un sistema corrompido, mafioso y capitalista. La derecha no expone ideas, expone violencia, dinero del narcotráfico, demagogia y oportunismo a granel. Un candidato de la derecha compra su curul o su cargo público sin sonrojarse.

 

Los que militamos de una u otra manera en la izquierda o las izquierdas para ser más exactos parecieran que no dimensionáramos ni el terreno, ni el momento que estamos viviendo. Quizás nos dejamos contagiar de los vicios del capitalismo como la mentira, la arrogancia y el analfabetismo político para empecinarnos en desarrollar el individualismo y el personalismo, mejor dicho el grupismo. ¿Cuánta agua tendrá que pasar bajos los puentes para entender que la única salida táctica y estratégica es la unidad, sin sectarismos y sin ambigüedades, como bien lo planteara en su momento el maestro Carlos Gaviria?

 

El Partido Comunista Colombiano – por ejemplo – lleva 85 años predicando la unidad con la mejor disposición política. Sin embargo, la respuesta frecuente es el anticomunismo incluso, en la misma izquierda. ¿Qué hacer? ¿Claudicar? Por supuesto que no. Hay que persistir, insistir en la brega de la unidad. Y eso no es un prurito. Es la convicción histórica, política y dialéctica de que los cambios de fondo lo hacen los pueblos y la fuerza principal es la unidad. Es decir, no es un capricho. Por eso se hace fundamental dimensionar el terreno y el momento que estamos viviendo.

 

El hecho central en estos momentos es la paz y los diálogos de la Habana (Cuba). Es lo más importante. No en vano hay toda una tenaza monstruosa encaminada a hacer abortar este proceso que avanza en la heroica patria socialista caribeña.

 

Los amigos de la guerra se unen, mientras los amigos de la paz dudan o en muchos casos les resta importancia. Lo consideran como algo coyuntural, de poca monta y trascendencia. La tenaza: Santos, Uribe, Procurador Ordóñez, medios masivos de comunicación y el comando sur de los militares de los Estados Unidos, va por el rompimiento de la mesa de diálogo y que la patria siga desangrándose por todos sus costados.

 

Para ellos la guerra  es un negocio que ganan por punta y punta. Ninguno de sus miembros va al frente de batalla, van los hijos de los pobres a colocarle el pecho y en el caso de los soldados y policías a defender los intereses de la clase dominante. Bien lo dijo Aida Avella Esquivel: “El día que a los hijos de la oligarquía y los hijos de los generales, tengan que ir al frente de batalla, ese día seguramente se acabará la guerra”.

 

El 85 por ciento del territorio tolimense se encuentra concesionado en títulos mineros, unos concedidos y otros por conceder a favor de las multinacionales y transnacionales, especialmente la transnacional Anglo Gold Ashanti. Vamos a quedar sin territorio, sin agua, sin fauna y sin flora. Sin embargo, pareciera que a muchos y muchas no le llamara la atención esto y en vez de contribuir a la unidad, se empecina en la desunión por cosas a veces de poca monta.

 

El Partido Comunista ha insistido en que la izquierda debe desarrollarse, sobre todo pasar la fase de la oposición a ser opción de poder. La lucha por el poder no es cosa de poca monta, exige mucha voluntad política y conciencia tanto social como de clase. Pareciera que las izquierdas estuvieran infiltradas, cosa que no es  raro, por cuanto el enemigo de clase que tiene el poder en sus sucias manos, tiene todo el dinero del mundo para comprar conciencias débiles y desideologizadas  que venden a sus hermanos de clase por un plato de lentejas.

 

Debemos dimensionar el momento que vivimos colocando lo colectivo sobre lo individual. No es tiempo de vetos. Es tiempo de comprender la rica diversidad como fortaleza. Defender los diálogos de paz de la Habana, el medio ambiente y luchar decididamente contra la corrupción. La unidad es el horizonte y la paz con justicia social el destino correcto del pueblo colombiano.

 

El debate electoral no es para dividir, es para unir; no es para alienar es para formar políticamente a la comunidad; no es para hacer concesiones al enemigo de clase, es para colocarlo al descubierto ante las masas. El discurso político de campaña no debe ser rosadito, evasivo y etéreo. Debe ser claro, preciso, concreto, real, revolucionario. No importa que queden al descubierto los pusilánimes y los ambivalentes que pretenden tener un pie en la derecha y el otro en la izquierda. Es hora de las definiciones, es hora de la unidad. El palo no está para hacer cucharas, dice el adagio popular.