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Jue, Mar
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Por Alfonso Castillo Garzón

Defensor de Derechos Humanos  

 

No deja uno de sorprenderse ante las salidas medievales del señor inquisidor Alejandro Ordoñez, sumar reciente hazaña de corte fascista es la idea de “Prohibir”  las demostraciones de afecto de los jóvenes en los colegios. Todo un despropósito cuando la sociedad y en especial los jóvenes necesitan más demostraciones de afecto y de cariño, que seguramente el señor inquisidor Ordoñez hace años no recibe o por lo menos no públicamente.

Pero más allá de la  “sorpresa” que pueda causar la petición, fuera de todo contexto, vale la pena señalar que esta manifestación deja al menos ver dos cosas: Primera. El comportamiento de este funcionario, va en contravía de la construcción de la paz democrática e incluyente que este país anhela e intenta construir desde las organizaciones sociales y populares a lo largo y ancho del país.

Segundo. Estos pronunciamientos ocultan o distraen la atención sobre el papel de la procuraduría que en lugar de aprovechar el gigantesco aparato burocrático para enfrentar y sancionar toda la corrupción que corroe este país y la impunidad que se pavonea negando a los ciudadanos y ciudadanas el derecho a conocer la verdad que explica el conflicto armado colombiano. En cambio ha utilizado la institución para lanzar cruzadas morales y dogmaticas para perseguir todo lo que le parezca contrario a sus convicciones religiosas. Por ello persigue las ideas de izquierda, como también se  ha opuesto al matrimonio y adopción de parejas del mismo sexo. Hoy la emprende contra los jóvenes como si ellos  no tuvieran problemas graves como los que se conocieron la semana pasada, en el que jóvenes de colegios de Bogotá, elaboran y consumen sustancias toxicas hasta el límite de la muerte. Este tipo de problemas ameritaría una evaluación a fondo de la ejecución de programas de prevención al consumo de SPA o de situaciones del embarazo entre adolescentes, niños y niñas, donde de seguro se despilfarran los recursos públicos y los resultados evidencian el fracaso de los mismos.

 

 

No señor inquisidor Ordoñez. Lo que el país necesita es derrotar la práctica política de prohibir las libertades, ello nos condujo, junto con un  modelo económico egoísta y expoliador, a la guerra que hoy procuramos en la lucha, acabar definitivamente.

Los jóvenes necesitan libertad para soñar, amar y expresarse libremente, y que su personalidad se desarrolle plenamente en ambientes laicos y democráticos. Los jóvenes necesitan más colegios, educación pública gratuita y de buena calidad y la sanción efectiva a militares que siguen secuestrando jóvenes en barrios populares, para llevarlos como carne de cañón a una guerra que no es su guerra.

 

Señor inquisidor Ordoñez si no es capaz de soportar esta realidad renuncie!!!!!

 

 

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Por Nelson Lombana Silva

 

Alguien le preguntó a Lenin si era pertinente ir al parlamento burgués y el dirigente del proletariado no dudó al decir que sí, siempre cuando se tuviera claro a qué se iba. Fidel Castro en el memorable discurso dado en la universidad de la  República Bolivariana de Venezuela plantea que la Revolución es hija de la cultura. Batalla de ideas.

 

Es decir, al Parlamento o a cualquier corporación pública del régimen un compañero o compañera de izquierda consecuente sabe a qué va. Tiene clara la película. Va a destruir las relaciones capitalistas y a construir las relaciones socialistas. No va a amangualarse con la pútrida clase dirigente.

 

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Leer más: Dimensionar el momento que vivimos

POR SILVINA M. ROMANO

La guerra psicológica conjuga aspectos políticos, económicos, culturales y militares con el objetivo de garantizar la reproducción de la idea-realidad de que este sistema es el único posible, el más justo y el más adecuado para promover la libertad. Una vez instalada la idea es difícil desarticularla por más que la realidad no se ajuste a ese presupuesto. A continuación, algunos ejemplos y sus principales operadores.

En la actualidad suele ser un tema recurrente el "poder de los medios de comunicación", pues instalan temas de debate, ideas sobre lo "bueno y lo malo", definen elecciones presidenciales e imponen determinados consumos. Sin embargo, se habla muy poco de guerra psicológica. A continuación, exponemos un breve repaso histórico fundamental para comprender cómo y para qué se siguen aplicando, hoy por hoy, estrategias de guerra psicológica, que parecen dar continuidad a la Guerra Fría en la región.

En general, se entiende a la guerra psicológica como propaganda y engaño a través de los medios de comunicación. Sin embargo, se trata de algo mucho más amplio. Considerando las prácticas implementadas desde su institucionalización (inicios de la Guerra Fría) hasta la actualidad, entendemos que incluye y combina estrategias de asistencia para el desarrollo (presión y extorsión económica), el manejo de (des)información (propaganda, programas culturales y de educación, intercambio estudiantil, formación de líderes) y de seguridad (intervención militar, en general de baja intensidad). Resumiendo, se trata de una guerra que conjuga aspectos políticos, económicos, culturales y militares. Con el impulso de la Guerra Fría, el gobierno estadounidense habilitó la implementación de operativos encubiertos en tiempos de paz, siendo las operaciones psicológicas uno de sus pi- lares. Así, con la Ley de Seguridad Nacional de 1947, se crearon una serie de instituciones que legalizan un Estado de Seguridad Nacional y de secreto (en pos de la seguridad pública) en el que las operaciones psicológicas encarnaron la articulación entre objetivos de seguridad, el expansionismo económico de las transnacionales y la creación de espacios académicos, teorías y publicaciones que explicaban/justificaban el enfrentamiento a la "amenaza soviética". La teoría de la modernización, el realismo en las relaciones internacionales y las diversas teorías de comunicación funcionalista-sistémicas son parte de este entramado. El objetivo del gobierno y parte del sector privado estadounidense era garantizar el flujo de recursos, materias primas y acceso a mercados en el exterior, para expandir y garantizar el "modo de vida americano". La guerra psicológica debía orientarse a "conquistar los corazones y las mentes" a favor de dicho modo de vida.

Con respecto a América Latina, en un documento secreto (actualmente público) del Consejo de Seguridad Nacional estadounidense de marzo de 1953, se enunciaba que "los programas estadounidenses de información y culturales para los Estados latinoamericanos deben ser orientados a los problemas y la psicología específicos de los Estados del área, con el objetivo de alertarlos sobre los peligros del imperialismo soviético y comunista y de otras subversiones contra Estados Unidos, y convencerlos de que su propio interés implica orientar sus políticas hacia los objetivos estadounidenses".

 

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Leer más: LA GUERRA PSICOLÓGICA COMO GUERRA PERMANENTE: ESTADOS UNIDOS EN AMÉRICA LATINA

La Habana, Cuba, sede de los diálogos de paz, junio18 de 2015

Con esta iniciativa, aspiramos a sacar adelante un nuevo borrador conjunto de Acuerdo, que permita mostrar de manera práctica, al cierre del Ciclo 38, que efectivamente entre“resarcir a las víctimas está en el centro del acuerdo”.

Del principio 1, Reconocimiento de las víctimas: Se proponen reformas a la Ley 1448 de 2011, llamada de Víctimas y Restitución de Tierras para ampliar la cobertura de tiempo y el espectro de las responsabilidades. Se insiste en otorgar el reconocimiento de las víctimas como sujetos políticos y reconocimiento especial a las víctimas colectivas, lo cual implica la construcción de un nuevo modelo de Registro Plural y Unificado de Víctimas, que incluya a colectivos victimizados y a víctimas de crímenes de Estado.

Del principio 2, Reconocimiento de responsabilidad: Se aboga por la realización de un Acto colectivo de contrición política de reconocimiento de las responsabilidades, asumiendo cada parte lo que le corresponde, como expresión de voluntad de contribuir a un definitivo Nunca Más.

 

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Leer más: Por un acuerdo sobre derechos integrales de las víctimas para la paz y la reconciliación nacional.

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